Tengo mucho tiempo sin escribir. Entre mis obligaciones laborales y otras ocupaciones, no me queda tiempo ni energía para sentarme a hacerlo.
Estos días han sido muy refrescantes. Son tantas las cosas que el Señor me ha enseñado durante este tiempo cada día! Puedo decir que mis pies están cada vez más fuertes porque tienen a mi Señor como roca, como fundamento sobre el cual me levanto, camino, espero y confío.
A pesar de que he pasado por situaciones muy difíciles, en soledad, he visto la mano del Señor levantándome y proveyendo fielmente cuando he pensado que no hay salida. He visto su provisión espiritual, emocional y económica en todo momento. Me ha dado más de lo que necesito y sin merecerlo. No ha parado de susurrarme al oído cuánto me ama, cuánto valgo para Él y cuánto le duele verme sufrir. Me ha tomado de la mano y a lo largo de esta larga y aterradora caminata, me ha llevado a los rincones más maravillosos de su amor. Es tanto lo que me ha enseñado, que ni sabría cómo resumirlo acá. El punto es que estoy bien. Aunque aún llore, aún extrañe a mi esposo; aunque aún me cueste batallar contra la soledad, aunque aún me cause un profundo dolor lo que ha pasado, estoy escondida en Dios. No existe mayor consuelo en este mundo que el que puedo encontrar en su abrazo, en su amor, en su palabra, en sus promesas...
Han habido múltiples momentos en los que en medio de preocupaciones, cansancio físico y emocional, o una profunda tristeza, el Señor me ha regalado una paz incomprensible. Algo tan sobrenatural que hasta me deja un poco desconcertada... Insisto en tratar de hallarle una explicación racional... "Por qué me siento así? Qué pensé? Qué pasó?" Y nunca encuentro ninguna respuesta en mí misma... Es ahí donde dirijo mi mirada y corazón al Señor y no me cabe la menor duda de que viene de Él. A veces me ha sucedido en momentos en los que me siento tan cansada y desesperanzada que incluso le pido al Señor que haga que mi vida pase rápido, que haga algo para estar con Él pronto para no sufrir más, pero me inunda su paz y me convence que aún no, que aún tiene muchas cosas para mi, aunque yo no las pueda ver en este instante.
Estoy tan agradecida con Dios... Realmente todo, absolutamente todo lo que tengo se lo debo a Él. Todo lo que soy, lo que he hecho y logrado le pertenecen a Él. Si tengo alguna habilidad o he alcanzado algo, ha sido porque Él me regaló la capacidad y permitió que las circunstancias ayudaran. Si me pienso fuera de la voluntad de Dios, caminando sin tenerlo a Él como mi guía, me aterrorizo, con solo imaginarlo. No entiendo como pasé tantos años de mi vida siguiéndolo a medias, cómo tomé tantas decisiones haciéndolo a un lado. Creo que mi historia sería muy distinta si hubiera escuchado su voz con claridad. Probablemente habríamos buscado más de Él antes de casarnos, se habría llevado a cabo en otro momento, en fin, sólo Dios sabe. Lo hermoso de esta historia, es que a pesar de mis malas decisiones, las malas decisiones de mi esposo y nuestra rebeldía en general, ha tenido tanta misericordia de mi! Si me pongo a pensar, por duras que sean mis circunstancias en este momento, si no fuera por Su misericordia no se dónde estaría! A pesar de haber elegido a mi esposo desde mis parámetros (aunque fui estricta en elegir a una pareja creyente y con muchas otras cualidades) y estar viviendo las consecuencias de eso, Él me ha tomado en sus brazos y ha utilizado esta situación para enseñarme una felicidad, estabilidad y relación que va más allá de lo que jamás había vivido. Me ha llevado a recorrer un camino bello, que no deja de sorprenderme.
Creo que aunque quizás no me apoyé tanto en el Señor en cuanto a casarme, toda esta circunstancia se dió con un propósito. Un propósito que Dios me irá revelando poco a poco. Un propósito para mi vida y para la vida de mi esposo también. En cada uno de nosotros está el aceptar esa hermosa oportunidad, o seguir caminando en rebeldía pensando que nosotros somos más inteligentes que Dios y que por ello no lo necesitamos para resolver el desastre de nuestra vida. Dios puso a mi esposo en mi camino y en mi vida con un propósito, y me puso a mí en su vida con un propósito también. Permitió que nos casáramos ante Él, nos utilizó en su ministerio y nos habló de manera amorosa en múltiples ocasiones. No tengo duda de que Su propósito con toda prueba es fortalecer nuestra fe y llevarnos a obedecerle y depender de Él. Una prueba en un matrimonio no puede tener otro propósito más que acercar a sus miembros más a Él, unir a la pareja en ese amor que viene de Dios, superarla y continuar caminando con Cristo. No puede haber otro propósito. Dios no permitiría que sucedan cosas con el propósito de llevarnos a hacer cosas en contra de su voluntad. Nuestro propósito aquí en la tierra es glorificar Su nombre, amarlo y obedecerle a pesar de las circunstancias y llevar a que otros también lo conozcan.
Tengo la certeza de que Dios ama a mi esposo y que tiene grandes cosas para Él, grandes deseos de hacerlo crecer espiritualmente y en todos los aspectos de su vida, pero en mi esposo está la decisión... La obra del Señor no puede desarrollarse en la vida de una persona cuyo corazón se ha endurecido. La semilla está ahí, creció por un tiempo, se estancó y ahora ha empezado a secarse. Cada mala decisión, pensamiento y acto de pecado es como una piedra más, una espina más y trae más sequedad a la tierra. No hay planta que florezca en esas condiciones.
En la tierra reseca, no solo cuesta que crezcan buenas plantas, sino que también cuesta sacar la mala hierba. Un día escuché a un pastor contar cómo de niño descubrió que intentar sacar la mala hierba cuando la tierra está seca es infructuoso. Generalmente la hierba se rompe cerca de la base cuando se jala, pero las raíces quedan en la tierra. Solo suavizando esa tierra con agua, es que es posible sacar la mala hierba de raíz y darle fuerza a la planta sana para que crezca. Igualmente sucede con nuestro corazón. Si no lo suavizamos recibiendo la Palabra y el amor de Dios, difícilmente podremos sacara la mala hierba de nuestra vida y difícilmente se dará el crecimiento espiritual... Por el contrario, las condiciones del suelo se irán haciendo cada vez más hostiles y la posibilidad de dar fruto más remotas.
Si estamos dispuestos a suavizar nuestro corazón, ponernos de rodillas ante Él, recibir su amor y amarlo de vuelta mediante nuestra obediencia y alabanza, Dios es fiel en ir limpiando nuestra vida de esa mala hierba, ir podando nuestra planta para que pueda dar fruto. No hay mejor abono para nuestro corazón, que el leer Su palabra y no hay nada que garantice más el dar buen fruto que obedecerla de corazón.
Mateo 13
Parábola del agricultor que esparce semilla
13 Más tarde ese mismo día, Jesús salió de la casa y se sentó junto al lago. 2 Pronto se reunió una gran multitud alrededor de él, así que entró en una barca. Se sentó allí y enseñó mientras la gente estaba de pie en la orilla. 3 Contó muchas historias en forma de parábola como la siguiente:
«¡Escuchen! Un agricultor salió a sembrar. 4 A medida que esparcía las semillas por el campo, algunas cayeron sobre el camino y los pájaros vinieron y se las comieron. 5 Otras cayeron en tierra poco profunda con roca debajo de ella. Las semillas germinaron con rapidez porque la tierra era poco profunda; 6 pero pronto las plantas se marchitaron bajo el calor del sol y, como no tenían raíces profundas, murieron. 7 Otras semillas cayeron entre espinos, los cuales crecieron y ahogaron los brotes; 8 pero otras semillas cayeron en tierra fértil, ¡y produjeron una cosecha que fue treinta, sesenta y hasta cien veces más numerosa de lo que se había sembrado! 9 Todo el que tenga oídos para oír, que escuche y entienda».
Mi mayor oración cada día es por el corazón de mi esposo. Me duele ver esa tierra seca, agrietada, abandonada, llena de espinos y piedras. Me duele ver cómo esa planta que un día fue hermosa y llena de frutos, se va secando poco a poco.
15 Pues el corazón de este pueblo está endurecido, y sus oídos no pueden oír,y han cerrado los ojos, así que sus ojos no pueden ver,y sus oídos no pueden oír, y sus corazones no pueden entender,y no pueden volver a mí para que yo los sane”.
¡Qué impotencia y dolor siento! ¡Cuánto quisiera poder correr y con mis propias manos regarla, podarla, cuidarla, amarla! Pero no puedo... Solo el Señor puede hacer ese trabajo si mi esposo está dispuesto a permitírselo. No se si habrá alguna circunstancia en el futuro que cambie esta situación, deseo con todo mi corazón que así sea... ¡Cuánto lo amo!...
Pero ante todo Dios es fiel... Sólo Él es mi refugio, mi consuelo ante la soledad, la tristeza, la angustia, la traición y la decepción... Sólo Él... Y en medio de mis luchas, le doy toda la gloria!
"Por
lo tanto, ya que fuimos declarados justos a los ojos de Dios por medio de la fe, tenemos paz
con Dios gracias a lo que Jesucristo nuestro Señor hizo por nosotros. 2 Debido
a nuestra fe, Cristo nos hizo entrar en este lugar de privilegio inmerecido en
el cual ahora permanecemos, y esperamos con confianza y alegría participar de la
gloria de Dios. 3 También nos alegramos al enfrentar pruebas y dificultades
porque sabemos que nos ayudan a desarrollar resistencia. 4 Y la resistencia desarrolla
firmeza de carácter, y el carácter fortalece nuestra esperanza segura de
salvación. 5 Y esa esperanza no acabará en desilusión. Pues sabemos con cuánta
ternura nos ama Dios, porque nos ha dado el Espíritu Santo para llenar nuestro
corazón con su amor." Romanos 5:1-5